Desde niña deseó escalar, subir a la cima de montañas, una actividad que, en la década de los setenta, era considerada sólo para varones. Su interés por la naturaleza, el deporte y los retos la llevaron a cumplir ese desafío. Así escaló los 8 mil 848 metros sobre el nivel del mar del monte Everest.

Invitada al Kick Off 2024 de Impulsa Inmuebles, Karla Wheelock, conferencista, montañista y presidenta de Fundación KW, ofreció la charla “Alcanza la cima de tu montaña personal” ante colaboradores y colaboradoras de la empresa.

En ella habló de todo lo que implica prepararse física y mentalmente para el desafío y también sobre el paralelismo entre alcanzar la cima más alta del mundo y las cumbres que todos alcanzamos día a día.

 

 

Comenzó por anunciar que no recluta alpinistas, pues cada persona tiene su propia montaña representada en cada meta, sueño o proyecto. Sin embargo, ofrece su experiencia como alpinista para que otros puedan aplicarlo en sus propios retos.

 

 

La lección de ser normal

Cuando Karla era niña, preguntó a su mamá: “¿Por qué me tocó ser normal? ¿Por qué en casa no hay nadie en quien pueda aprender cosas increíbles?”

 

“Porque aquí todos somos normales. La única diferencia es que hay personas que se dan la oportunidad de soñar cosas grandes”, respondió su madre.

 

La entonces niña se preguntaba qué era entonces algo grande. Así subió algunos cerros cercanos, y luego, la originaria de Saltillo, Coahuila, buscó los más altos del país. Se percató que estando ahí estos se vuelven pequeños y que hay siempre retos más grandes.

 

“La montaña me enseñó a romper paradigmas”.

 

 

Adaptación, uno de los principales aprendizajes del alpinismo para la vida

En su conferencia, Wheelock destacó la capacidad de adaptación a condiciones adversas como uno de los principales aprendizajes del alpinismo.

 

Explicó que la fortaleza en un montañista no radica en sus músculos, estatura, capacidad de cargar peso en su espalda, sino que radica en la capacidad de adaptación.

 

“En la medida en la que yo pudiera adaptar mi cuerpo a los cambios de presión atmosférica, a las diferentes altitudes; iba a poder alcanzar las cumbres. Así empecé a subir montañas cada vez más altas”, describió.

 

El primer gran desafío fue la montaña Aconcagua, en Argentina; la más alta de América, con casi 7 mil metros sobre el nivel del mar.

 

“Quería descubrir si podía adaptarme o no a esas altitudes para algún día soñar con los ocho mil (metros a escalar). Después de haber alcanzado la cumbre estaba tan feliz, que era una emoción, no podía dejar de sonreír”, compartió.

 

El agua que no corre se estanca…

Ese logro la impulsó a ofrecer charlas a niñas y niños y a llevarlos a la experiencia de subir algunos cerros. En uno de los grupos destacó “Sofi”, de al menos siete años, quien insistentemente preguntaba cuánto tiempo faltaba para llegar y a qué distancia estaban de la meta. Más tarde quiso saber el nombre de la montaña más alta del mundo.

 

“¡Es el Everest!”, respondió Karla más agotada por los cuestionamientos de la niña que por la actividad física.

“¡Esto es como el Everest!”, exclamó la menor.

 

Entonces Karla explicó que ni ella misma había asistido al Everest, pero en cambio había escalado otra montaña dos kilómetros menos alta.

 

La niña respondió con decepción, interrogando esta vez por qué no ha escalado la mayor cima del mundo, si en sus charlas hablaba de la importancia de soñar en grande.

 

La conferencista respondió con una serie de justificaciones financieras y de distancias físicas para llegar a ese objetivo. Más tarde, la chica ofreció sus ahorros para que su guía al fin pudiera alcanzar ese objetivo.

 

“Al ofrecerme sus ahorros, lo que esta niña me dijo es que fuera congruente, que hablara con mis acciones; también que para ella no existen diferencias entre un alemán, un francés, un sherpa, un militar; entre hombres fuertes y su maestra del campamento de verano. Ella me veía con todas las cualidades para subir las montañas más altas. Otra cosa que me dijo es ‘confío en ti’. Acepté el reto y comencé a prepararme para ir al Everest”.

 

Mover montañas

Como advertía, el costo del desafío es alto, entre los 45 mil y los 200 mil dólares, dependiendo del servicio contratado, el seguro, equipo, material, los guías y el permiso para el ascenso, además del viaje al continente asiático, en la cordillera del Himalaya, en la frontera entre China y Nepal.

 

Así solicitó patrocinios a múltiples empresas. Encontró cientos de negativas, pues muchos veían un hobbie mas que un deporte en el alpinismo; otros preferían invertir en un hombre, al considerar que tendría más posibilidades por su fuerza física. Transcurridos cinco años, logró la confianza de cuatro empresarios y en 1999 alcanzó la cumbre del Everest por la vertiente norte.

En 2005 Karla se convirtió en la primera mujer iberoamericana en alcanzar la cima más alta de cada continente (Las 7 Cumbres).

 

“Aprendí que el carácter se forma a través del ejercicio de la voluntad, de vencer comentarios de quienes dirán que no puedes, perseverancia constante, prepararte, aprender sobre ti mismo y aceptar que hay caídas. Aprendí a cumplir con lo chiquito para cumplir con lo grande”.

 

“Aprendí que el carácter se forma a través del ejercicio de la voluntad, de vencer comentarios de quienes dirán que no puedes, perseverancia constante, prepararte, aprender sobre ti mismo y aceptar que hay caídas. Aprendí a cumplir con lo chiquito para cumplir con lo grande”.

 

Karla comenzó a trabajar con la SEP, ofreciendo charlas a niñas y niños para generar agentes de cambio en favor del medio ambiente.

 

“Cada día descubro y redescubro el potencial que existe. Todos tenemos montañas siempre. Ahora como madre encuentro otras, pero, el valor de la humildad, la constancia, la perseverancia, la laboriosidad y el trabajo en equipo nos servirán en cada una de nuestras montañas”.

 

“En la cima recibí un abrazo multiplicador que me hizo entender que, de nada sirve llegar a la cima si no tienes con quién compartir, si estás solo. No importa qué tan alto llegues, no importa qué tan alta sea la meta que alcanzas o un éxito; tienes que compartirlo”.

 

 

¿Quién es Karla Susana Wheelock Aguayo?

Conferencista, consultora y montañista nacida el 14 de abril de 1968 en Saltillo, Coahuila.

En 2005, Karla se convirtió en la primera mujer iberoamericana en alcanzar la cima más alta de cada continente (Las 7 Cumbres) y en 1999 obtiene la destacada primicia latinoamericana de coronar la cumbre del Monte Everest por la vertiente norte.

 

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